29 dic 2011

Rebeldía sí, pelotudo no.

"Hay que ser un loco, pero actuar como una persona normal... Hay que correr el riesgo de ser diferente pero sin llamar la atención".
Paf, patada en el medio de la cara. Ese viento frío que te azota la cabeza bajo el sol de verano mientras andas en el Scooter que te regaló Barragán. Subirse a las hamacas del jardín y que Julieta Paredes venga de atrás y te empuje, rompiéndote un diente de leche. Yo sabía bien lo que era, sabía de lo que estaba hablando porque así lo esquematizaba, esa frase incluso había perforado aún más en mi cabeza que cualquier Julieta, que cualquier viento en el Scooter, que cualquier patada en la cara que me podría haber dado Nicolás, ex amigo de la infancia.
Al principio de mi adolescencia busqué siempre ser "diferente", me sentía toda una rebelde cuando a los once años iba pintada a la escuela, siendo que a mis compañeras no las dejaban, me sentía una ídola cada vez que daba una pitada a un cigarrillo con doce años, me sentía en la cima del mundo cuando a los trece ya fumaba marihuana, me sentía lo mejor del universo cuando a los catorce me llené de piercings y corté el pelo corto, y a los quince con mi primer tatuaje, pelo de color verde, borracha al punto de querer vomitar, popular entre las más "geniales" de mi barrio y cualquier clase de droga terrenal encima, no había quién me pare; hasta que comprendí, exactamente, que ni yo podía pararme, y no exactamente por el pedo que tenía.
Siempre sentí respeto por las personas que tienen un estilo de vida "Sexo, drogas y Rock and Roll", hoy por hoy, irónicamente me parecen unos pelotudos.
¿Hasta qué punto es buena esa clase de "rebeldía"?, ¿Qué cosas es capaz de hacer uno por aparentar ser "genial" y cuando eso pasa a ser una ideología de vida?.
Nadie debería de juzgar la vida del otro, uno no puede señalar al de al lado teniendo las manos sucias, y sin embargo cada vez que veo a una nena de once años, como yo lo fui, más pintada que una puerta y con 20 pajeros que la ven como lo que no es, no puedo evitar pensar "¿Con qué necesidad?".
El rebelde no es el que se distingue de los demás desde una cuadra de distancia por tener un corte excéntrico, el rebelde es aquel que puede no estar a favor de un dogma y sabe argumentarlo cada vez que abre la boca.
Rebeldía no es escaparse una noche sin permiso a la casa de Hernan, rebeldía es tener los argumentos suficientes para inferir en una persona y lograr el cometido sin mayor obstáculo que el habla.
Rebelde no es aquel que llega a los treinta años en estado de autodestrucción porque la vida le pasó factura de la rutina excesiva que la persona llevaba y resultó ser un mantenido por los viejos sin mayores logros que la escuela secundaria, rebelde es aquel que se rompió el culo por un título y hoy puede disfrutar de todo el tiempo que invirtió estudiando en su casa recién comprada.
Rebelde no es aquella que por hacerse la viva una noche, tiene un hijo a los dieciséis, rebelde es la que esa noche (Porque inexorablemente en la vida, siempre pasa) salió de joda, se tomó un poco de más, pero no terminó en nada más allá de eso.
Por eso, ante tanta erradicación de materia gris durante la adolescencia, no sea estúpido, sea rebelde, porque más vale distinguirse de los demás por ser un "perdedor" que ser un "pelotudo cool".