3 sept 2011

Carozo


- ¿Viste que lindo mi perro? Se llama Carozo.
- Re bien..
- ¿Vos cómo te llamás?
- Florencia.. Florencia Barragán, y me estás cansando ¿Por qué no vas a jugar con el perro?
- Porque hace calor, y mi mamá no está, entonces me dijo que me quedara acá ¡¡CAROZO, CAROZO!! ¡VENÍ, DALE!
No me acuerdo bien, creo que el chico tenía unos 8 años por aquel entonces, mientras que yo unos 12.. Todos los veranos nos íbamos a Mar del Plata, en esa época mi viejo era Concejal, y podíamos alquilar unos lindos departamentos, lástima el suplicio al que estaba condenada ese día: Por hacerme la servicial, había dicho que no me importaba vigilar al nene de la amiga de la mujer de mi papá.
- A mi me gustan los aviones.. Me encantaría volar.
- ¡Y creeme que vas a volar en cualquier momento! (Dije yo, tirada cual vaca en el campo, aprovechando la inocencia del nene que no iba a entender y mirando, cada vez con mayor tentación, el borde de la terraza)
- ¿Volar como los pájaros? ¡Pero si yo no tengo alas! (No contesté) ¡Dale! ¿Volar cómo? ¿Como los aviones? ¿Como los pájaros? ¿Como Superman? (Cerré los ojos porque el sol de las 3 de la tarde me estaba insolando) ¡¿CÓMO, CÓMO, CÓMO, CÓMO?!! (Pegué un salto de donde estaba sentada)
- ¡¡¡CALLATE!!
Nunca me caractericé por tener paciencia con los chicos, me encantan las criaturas, pero no son de mi agrado en ciertas circunstancias..
- ¿Y Carozo? ¿Dónde está Carozo?
El nene empezó a llamarlo desesperadamente porque el perro no estaba, si bien yo vi que había bajado por las escaleras no quise decirle nada, tal vez así lo mantendría ocupado mientras lo buscaba.
- ¡Ayudame a encontrarlo! ¡Dale! (Yo no contesto) ¿Dónde está Carozo? ¡Mirá si le pasa algo! ¡Se perdió mi perro! ¡¿DÓNDE ESTÁ CAROZO?! (Comenzó a tironearme de la manga de mi remera, en ese momento, me sentí más que nunca al borde de la locura)
- ¿No sabías?
- ¿Qué no sabía?
- Tu perro se murió..
En ese momento se hizo un silencio sepulcral en el lugar, ese que tanto anhelaba, por lo que cerré los ojos nuevamente, y me propuse descansar bajo el sol de aquella calorosa tarde.
- ¡¿Cómo que se murió?!
- ¿A dónde te pensás que fue tu mamá?
- A compr.. (Abrí los ojos y me vi reflejada en los de él, estaban desbordados de lágrimas, pero no me importó, aquel monstruo de casi metro y medio no merecía mi compasión.)
- No, se fue a enterrarlo.
- ¡¡NOOOOOOOOOOOO!!
Creo que generó lo que es el grito más fuerte que escuché en mi vida, y rompió en llantos, pero a pesar de eso, pude escuchar el auto en el cual, seguramente, venía mi papá, su mujer, y la progenitora del demonio tamaño Small que tenía delante mio.
- ¡¡No!! ¡No llores, Lauti!
Creo que así se llamaba.. Lo único que recuerdo es que nunca en mi vida bajé tan rápido una escalera.. Carozo era un perro enano, de esa raza que tiene cara de piraña, aplastada y de ojos saltones, muy peludo por cierto.
Claro que el animal no me reconoció, pero lo agarré en el aire, no me acuerdo si de la cola o qué, pero los pelos del dicho can estaban esparcidos por todo el patio, ya que lo llevé prácticamente en el aire, subí las escaleras, y casi casi que lo revoleé contra su dueño que lloraba sin consuelo.
- ¡Ahí lo tenes!
- ¡¡CAROZO!! (Lo abrazó y el perro no sabía si gruñirme, o babearle la cara al muchachito, lo que se es que justo en eso, subió la mamá del susodicho) ¡¡Mamá!! (Gritó el chico exaltado) ¡¡Florencia es re buena conmigo!! ¡Mirá, hasta revivió a Carozo!
Claro que el chico estaba super feliz, faltaba que se hiciera pis encima como, justamente, los perros, mientras que mi viejo me miró con una cara de “Ya vamos a hablar vos y yo”.. Lo cierto es que el chico me tomó como una “Chica con superpoderes” que podía hacer milagros y esas cosas ¡Y para mi suerte no me lo saqué de encima todo el verano!.
Desde entonces soy servicial con cada niño que considero un estorbo.